Pedro Giambruni: “Para mí la felicidad está en la simplicidad”


Pedro Giambruni transmite bondad y calma. Su estilo de vida es lo más parecido al caracol: lleva la casa a cuestas, no tiene prisa ni grandes necesidades y se adapta con flexibilidad al terreno. Tiene 35 años y su hija Kamala, de 7 años, nos recibe a la puerta de su preciosa cabaña de color verde, a cuya entrada figura un letrero donde se puede leer: “Amor, Alegría, Pura vida”. Ese cartel, de madera y alegres colores, fue idea de su madre y acaba con las huellas de la pequeña sobre un fondo añil.

Kamala abre la puerta de ese paraíso, que es su cabaña, y nos muestra orgullosa cómo su madre ha decorado el interior. En un lugar tan bello, donde no sobra el espacio, la ropa de Kamala se distribuye en dos estanterías, en un orden perfecto. A cualquier niño le parecería un mundo de fantasía e ilusión.

Justo al lado, está el lugar donde duermen sus padres. Se trata de una furgoneta, con ventanas al monte y un amplio jardín, presidido por una higuera. Kamala y su padre nos abren la cortina que cubre la intimidad de la “casa caracol”. Parece increíble que hayan sido capaces de sacar tanto partido a tan poco espacio y que hayan transformado las cuatro ruedas en un hogar, donde no faltan pequeños muebles hechos a mano y, sobre todo, un concepto de interiorismo, donde priman la reflexión y la simplicidad. Sólo personas que se aman con intensidad y son capaces de ceder, podrían vivir tan juntas. En su furgoneta pueden faltar muchas cosas, como el baño o la cocina, pero no deja lugar a dudas: es un lugar donde reina la armonía.

Pedro Giambruni

Pedro Giambruni

Simbolizan otro paradigma de vida. No les define lo que tienen, sino quiénes son y cómo piensan. No tienen microondas, televisión ni lavadora, pero en la mochila llevan tranquilidad, ganas de aprender de otras culturas y un noble afán por agradar a quienes a ellos se acercan. Cabe mucha dignidad en el pequeño espacio donde se desenvuelve su vida cotidiana.

Así empezamos una conversación, en la que Kamala participa con comentarios alegres, mientras acaricia el rostro o el pelo de su padre. Él la sonríe, la mira siempre con dulzura y en cada instante le demuestra su afecto. La buena educación y el respeto a los niños y a la naturaleza son los valores que cultivan cada instante en esta familia.

¿Qué te trajo a Ibiza?

Llegamos a Ibiza en mayo de 2001. Salí de Buenos Aires con ganas de buscar otro estilo de vida, algo nuevo. En Argentina trabajaba en una empresa constructora como administrativo y a la vez estudiaba la carrera de ingeniero agrónomo. Me queda un año para terminar. Llegué a Ibiza de casualidad para visitar al hermano de la que entonces era mi novia y hoy es mi mujer. El primer día fuimos a Cala Xarraca y nos enamoramos de la isla. Decidimos quedarnos a pasar la primera temporada y así han pasado los años.

¿Cómo descubriste a Las Dalias?

En Las Dalias empecé a trabajar como pinche en la cocina. En la segunda temporada, teníamos algo de dinerito y decidimos viajar a La India. Ese viaje duró un año y en el proceso comencé a trabajar con las manos y a desarrollar mi propia artesanía. Fue así como encontré lo que verdaderamente me gusta y lo que llevaba tiempo buscando. Volvimos a Ibiza y ya no quise regresar a la cocina. Pensé que tenía que vivir de la artesanía. Comencé a trabajar en mercadillos y en la playa y, desde 2007, con un puesto en Las Dalias. Ese año, mi mujer quedó embarazada de Kamala y decidimos volver a la isla para dar a luz. Desde entonces estamos en el mercadillo. Venimos a Ibiza cada verano y algún invierno también nos quedamos. En 2014 nació nuestro segundo hijo, también en la isla. Nos encanta pasar los veranos aquí y tenemos muchos amigos y trabajo.

¿Qué vendéis?

Yo hago bisutería con cuero y mi mujer, María Martina, trabaja con macramé. Me gusta hacer collares, engarces con piedras, pulseras y, por encargo, también riñoneras, bolsos y zapatos. La familia ha crecido y el tiempo de trabajo se reduce. Intensifico mucho el esfuerzo y el rendimiento. Voy simplificando en función del espacio, el tiempo que tengo y me adapto a los recursos de cada momento. Ahora hago muchos brazaletes. La bisutería tiene más salida que un bolso o unos zapatos, que son trabajos muy artesanales y requieren mucho tiempo. Siempre se agotan las pulseras trenzadas de cuero.

¿Por qué Las Dalias es tan especial?

Lo primero de todo es que el ambiente es muy agradable. Estamos muy a gusto y nos sentimos muy afortunados por estar ahí. Hubo años en que trabajé más en Es Canar, pero lo tuve que dejar porque no aguantaba el ambiente. Las Dalias es más como una gran familia: tengo muchos amigos y el trato en general es muy bueno. Cada uno muestra su arte. Yo llego ahí, monto mi taller y estoy como en mi casa. Cada vez que llego o me voy, doy las gracias por poder estar en este lugar. No conozco otro mercadillo como Las Dalias.

¿Cómo es la gente de Las Dalias? ¿representa una forma de vida alternativa?

Un gran porcentaje lo vive así: es como un universo en pequeñito, donde encuentras de todo. La mayor parte de las personas que estamos allí buscamos una forma de vida alternativa, aunque también encuentras personas con la mentalidad de alguien que trabaja en una oficina, es decir, que piensa más en el dinero y sólo ve Las Dalias como un sitio de trabajo. Hay de todo, pero la inmensa mayoría es gente que busca una forma de vida diferente.

¿Qué te inspira?

La naturaleza, la isla, el mar…me gusta montar mi taller debajo de un algarrobo o de un olivo y también trabajo mucho con la gente, según lo que me piden o sale en el momento. Trabajar en contacto con la gente me inspira.

¿Te consideras hippy?

A un compañero de Las Dalias le hicieron esta pregunta cuando el mercadillo fue a Madrid y me gustó su respuesta. Él dijo que el significado de la palabra hippy viene de happy, es decir, alegría. Yo me considero una persona feliz y contenta. Por lo tanto, en ese sentido, sí que soy hippy. También es verdad que existen otras acepciones. Por ejemplo, en otras épocas los hippies vivían en la montaña y comían de lo que encontraban en la naturaleza, sin necesitar el comercio. Hoy por hoy, en la circunstancia que a mí me toca vivir, intento estar lo más conectado a la naturaleza posible y también intento vivir con lo básico y prescindiendo de lo superfluo. Así es como vivo y no sé si considerarme un hippy o no. Para mí la felicidad está en la simplicidad. No necesito tantas cosas para vivir.

¿Cómo es tu vida en invierno?

La mayoría de los inviernos viajo con mi familia: Mi mujer, mi hija y nuestro hijo pequeño. Vamos a Asia, India y Sudamérica a ver a la familia. Es complicado seguir en invierno en Ibiza con nuestra forma de vida en verano. Tendríamos que buscar una casa y surgen otras necesidades. Por eso viajamos a países tropicales, donde hace más calorcito y es más cómodo vivir. El viaje también nos nutre mucho: aprendemos, conectamos con gente, abrimos más el corazón y la cabeza. Es nuestro estilo de vida. Mi mujer y yo tenemos un espíritu nómada. Solemos vivir en una caravana, una furgoneta o un camión y, cada poco tiempo, nos movemos. La casa es como un caracol que va con nosotros. Estamos unos meses en Ibiza y el resto del año viajamos. Siempre buscamos ambientes agradables en contacto con la naturaleza.

¿Cómo es la vida sobre cuatro ruedas?

Compacta: Todo está ahí. La casa y el taller. A mí me encanta la simplicidad y vivir con lo básico que uno necesita día a día y con la opción de poder moverse. Nos encanta y hace muchos años que vivimos así. Sólo cambiaría mi forma de vida por una casa arriba de un árbol.

¿Las Dalias da para vivir todo el año?

Si. Vivimos al día: somos hormiguitas. Cuando vamos viajando, también voy haciendo trabajitos y vendiendo en los mercados que encontramos por el camino o a la gente. Pero en verano siempre volvemos a Las Dalias. Estamos muy agradecidos de tener nuestro espacio ahí.

Texto: Silvia Castillo - Foto: Massimo Aspide