Paloma Eguren: “Las Dalias es una explosión de creatividad”


Dos mujeres caminan por el bosque, armadas con una guitarra, bastón y capazo de esparto. La madre peina canas, lleva plumas en el pelo, una cinta en la frente, trenza y un sombrero. La hija pasea su larga melena al viento y se adorna con un gran colgante en forma de corazón. Una viste chaleco y pantalón blanco, mientras la más joven se camufla con el color verde de los árboles. Dos generaciones que comparten adoración mutua, grandes ideales, respeto a la naturaleza y experiencia en el arte de hacer felices a los niños.

Ana Orellana, de 58 años, llegó a Ibiza en el año 1983 buscando lo que ella describe como “una oportunidad para vivir nuestro sueños”. Tuvo siete hijos y encontró una forma de vida en Las Dalias, ofreciendo actuaciones musicales y actividades para niños en el mercadillo. Fue posible, según Ana, por que “Juanito siempre ha sido una persona solidaria con la gente alternativa”. Más de tres décadas después, un día de agosto de 2007, Ana circulaba en bicicleta por la Avenida de España cuando un autobús la arrolló. Cuenta que sobrevivió de milagro al accidente y, tras la recuperación, ahora vive en Cádiz.

Paloma Eguren

Paloma Eguren

A finales de septiembre de 2014, Ana vuelve a Ibiza y se reúne con su hija Paloma Eguren, de 26 años. Además del lazo maternal, comparten la vocación por Las Dalias y por todos los proyectos relacionados con el mundo de la infancia. Paloma, que estudió Bellas Artes en Barcelona, se encarga ahora de la zona kids del mercadillo, con propuestas y actividades para que los más pequeños se diviertan, mientras los adultos compran.

Además, ha impulsado un proyecto denominado “Semillas de luz” que simboliza la tribu moderna del siglo XXI y reúne a las familias en el campo para compartir experiencias, poner en marcha talleres o excursiones y promover un tipo de educación y convivencia que se basa en el respeto a la naturaleza y al resto de seres humanos.

Paloma nos conduce a través de campo a ese valle mágico para las familias, situado en el término municipal de Sant Josep, donde han creado una escuela y un centro ecológico y cultural para niños y mayores. A su madre le cuesta caminar por el terreno: “Mi relación es de amor y dolor con este proyecto de mi hija. Me encanta, pero me cuesta mucho llegar hasta aquí porque estoy discapacitada”.

Tras una caminata, llegamos a la casita de madera y, en medio del campo y acompañadas por el canto de las cigarras, se desarrolla la entrevista. Madre e hija están todo el tiempo abrazadas o cogidas de la mano e intercambian sin cesar miradas, sonrisas y caricias. Nos revelan que en la adolescencia de Paloma, la relación entre ellas llegó a ser volcánica y tormentosa. Hoy solo percibimos adoración pura y complicidad.

“Ibiza me duele. Los hippies queríamos vivir tranquilos, sin prisa y en la naturaleza. Ibiza ahora mismo es de locos. Amo a esta isla, pero tal y como está ahora mismo me horroriza”, opina Ana, con grandes ojos verdes y todas las heridas de la vida en la mirada, a veces dulce, a veces dolorida.

La madre desenfunda su guitarra y empieza a cantar: “A mamá, Naturaleza, le gustan los colores…con un gran arco iris, el cielo le responde”…Paloma la acompaña con su voz y las maracas. Las dos parecen felices, aunque en el ambiente está la inminente despedida, por el regreso de la madre a Cádiz. “Mi hija es muy hermosa”, susurra con melancolía Ana, cuando ve a Paloma alejarse.

Paloma, ¿Cuál es tu vinculación con Las Dalias?

Desde pequeñita iba al mercadillo con mi madre. Hacíamos música y títeres. Tengo muchos recuerdos de niña…siempre por allí correteando. Ahora, de mayor, he decidido enfocar mi carrera a los niños y he retomado el contacto con Las Dalias. Me di cuenta de que había una necesidad de las familias que visitan el mercado para que los niños estén contentos, sobre todo los sábados con el calor. Hice una propuesta para la zona de niños, que en Europa es cada vez más común, con un espacio reservado para ellos. Juanito y María José me conocían desde muy pequeña y me he sentido muy acogida por Las Dalias.

¿Cómo ha sido tu infancia?

Muy divertida. Siempre había muchos niños jugando en el mercadillo y tengo muchos recuerdos de las fiestas de Namasté, que nos dejaban quedarnos hasta más tarde. Son recuerdos muy lindos. ¿Cómo definirías esa filosofía, esa forma de vida? Alegría. Es justo lo contrario de lo que he visto cuando después he viajado a la ciudad, para ver cómo es la vida allí y me he encontrado mucha seriedad y tonos grises. Las Dalias es todo de colores y es un mundo más abierto. En la ciudad chocas con estructuras muy cerradas.

¿Qué ofreces a las familias en Las Dalias?

Un espacio adaptado a las necesidades de los niños, que básicamente consisten en jugar en un entorno seguro, fresco y con agua disponible. Les animamos a desarrollar su creatividad. El espacio está adaptado con pequeños rincones y distintas propuestas. Hay un lugar para leer, otro para motricidad con un domo geodésico y un columpio. También tenemos una mesa corazón con un montón de materiales donde pueden desarrollar su imaginación y un área donde pintamos las caras. Además, van surgiendo propuestas, según lo que piden los niños.

¿Cuántos pequeños pasan por la zona kids en un día de verano?

No tengo un registro, pero son muchos niños, también los que repiten. Pueden llegar a 100 niños un sábado. Muchas personas todavía no saben que hay una zona kids. Supongo que habrá más demanda cuando sea más conocida.

¿En qué se basa el proyecto Semillas de Luz?
En el concepto de tribu moderna. La base es crear una red de apoyo entre familias. Socialmente no está reconocido el trabajo que hacemos las familias, de amor hacia los niños. Nosotros entendemos que las familias y los niños son pilares de la sociedad, que necesitan apoyo. Aquí en Ibiza muchos padres y madres estamos alejados de nuestro núcleo familiar biológico, hay mucha mezcla de procedencias y nos hemos propuesto crear un espacio donde las familias nos apoyemos en la crianza y en la educación integral. Hay un núcleo fuerte de cinco familias y un círculo más amplio de otras 20 que participan.

¿Qué tipo de actividades organizáis?

La convivencia está muy enfocada a los niños. Tenemos talleres de crianza natural, campamentos de verano y a veces organizamos convivencias terapéuticas en el terreno. En invierno, las actividades son más regulares y hacemos yoga o capoeira en familia. También nos juntamos mucho a trabajar, porque el terreno nos lo han cedido y todo lo que hay ahora mismo es el resultado del esfuerzo colectivo de todas las familias para cuidar este espacio. Realmente nos juntamos muchas veces a trabajar: Unos hacen la comida, otros juegan con los niños y a lo mejor otros se ponen a levantar una valla de cañas…Tenemos españoles, argentinos, bolivianos, ingleses, sudafricanos…muchas nacionalidades.

¿Por qué es un proyecto sostenible?

Tenemos un sentimiento de unión con la naturaleza, de respeto, de cuidar el entorno. Nos han cedido este valle y podríamos construir con cemento, pero sentimos que si ponemos un bloque de cemento, a la tierra no le hace bien. Buscamos la sostenibilidad integral, desde la fase de la construcción, como es el caso de la casita de madera en la que nos reunimos, que se ha hecho con material reciclado y el aislante térmico es una doble pared con algas de la isla, una técnica que se utilizaba antiguamente. También hemos aprendido a hacer las vallas de caña de los payeses. Lo que intentamos es integrar los recursos existentes en el valle, como son el manantial, el sol, el viento y toda la naturaleza…y con todo eso creamos un espacio armónico para las familias.

¿Qué aprenden los niños y los adultos en este lugar?

Los niños, cuando llegan aquí, se conectan rápidamente con el entorno y entran en un mundo simbólico de aventuras, de juegos, de trepar a los árboles….Yo tengo dos hijos y vivo en un apartamento enfrente del mar. Veo un cambio muy grande en la relación entre ellos cuando estamos aquí, porque en casa piden más la tecnología y aquí entran en un juego de cooperación entre hermanos y les veo construir cabañas y disfrutar de otra manera. Para los adultos, mi madre dice que este lugar representa un enorme desafío. Primero, porque siempre hay trabajo por hacer y siempre hay muchas carretillas, en caminos llenos de cuestas. Es un terreno duro, que mueve muchos procesos. Los adultos que venimos aquí, casi todos tenemos en común que estamos abiertos a un trabajo de interiorización. Semillas en un lugar de trabajo externo e interno.

¿Cómo es el hippy del siglo XXI?

Paloma: Para mi es una forma de entender la vida. No tan seria. Yo me considero hippy. Significa fusionar lo que nos trajeron los verdaderos hippies de los 60 con todo lo que hay ahora. Ahora todos los hippies tienen Iphone, por ejemplo. Lo importante está en el corazón. Ana: Ser hippy fue la revolución espiritual más importante del siglo XX. Los protagonistas en muchos casos fueron personas con cultura, que tenían acceso a una vida cómoda y materialista. Un movimiento que empezó con violencia, por todos los jóvenes que se rebelaron contra la guerra del Vietnam. El germen estuvo en California y se fue extendiendo. Fue una revolución que reivindicaba la paz, el amor, la vuelta a la naturaleza. Básicamente era flores y paz.

¿Continúa hoy?

No lo sé, pero quiero creer que sí. Por eso me gusta el concepto de Semillas de Luz. Quiero creer que hay esperanza en esas semillas que sembraron los auténticos hippies. Por Ibiza pasaron muchas de esas personas que dijeron no a esa vida materialista y consumista y que, con su ejemplo, demostraron que era posible una vida alternativa. Quiero creer que sí continúa, pero dentro de mí hay un gran desencanto.

¿Cómo ha sido la transformación de Las Dalias?

Ana: Cuando yo conocí Las Dalias, era un sitio mínimo: un bar y un jardín. El hecho de que Juanito se abriera a otras posibilidades, ha permitido el crecimiento del mercadillo hasta convertirse en un sitio muy conocido en toda Europa y a nivel mundial. Juanito, en vez de ser un isleño tradicional y cerrado, ha sido una persona abierta a todo lo que venía de fuera, moderno y creativo. Además, para mí, también es una persona solidaria. Eso es muy valioso en un ibicenco. Yo tengo pocos amigos ibicencos, uno de ellos es Juanito, porque es una persona que se ha abierto a las posibilidades que venían de fuera.

¿Qué es para ti Las Dalias hoy?

Ana: Hace 7 años que no vivo en Ibiza. No tiene nada que ver el mercadillo de hace años con el eco que tiene hoy. Tiene fama en todo el mundo. Y eso ha sido en buena medida por el trabajo de Juanito y del equipo del que se ha rodeado.

¿Qué es para vosotras la creatividad?

Paloma: La conexión con Dios y con la materia. Ana: Para mi es un latido mágico que ocurre de vez en cuando, no sabes por qué, ni de donde viene ni a dónde va. Coincido con Paloma, en que viene de fuera. ¿De Dios? No lo sé

¿Se puede vivir en un mundo sin creatividad, sin ideas?

Ana: Desgraciadamente, se puede. No se debería, pero se puede. La creatividad se enseña, se comparte, se transmite, se estimula. La creatividad viene del silencio: Cuando tienes silencio interior, aparecen las ganas para crear. A mi me suele pasar eso y a veces surge inesperadamente. Cuando me salen las mejores canciones, vienen del silencio, no del ajetreo, y también del dolor. Paloma: La creatividad sucede. También se puede estimular con entornos y materiales que favorecen la creatividad y siempre que haya alguien receptivo a aprender. Por ejemplo, Las Dalias, es una explosión de creatividad. Cada parada es una manifestación de la creatividad de cada artesano con el material que ha elegido. La creatividad puede mejorar el mundo en el que vivimos, sin duda. Necesitamos soluciones creativas para el cambio climático y para todos los problemas que hay a nivel planetario. Hace falta mucha creatividad.

Texto: Silvia Castillo - Foto: Massimo Aspide