Jorge Guamis: “Nos dedicamos a vivir”


En una colina del Valle de Morna, entre Sant Carles y Sant Joan, viven Niki y Jorge desde hace año y medio, con sus dos pequeños de 3 y un año. Recogen agua de lluvia para las plantas y viven rodeados de árboles frutales, del sonido del viento y de la luz cálida del invierno. Se podría decir que su vida, más que rústica y sencilla, es casi primitiva, sin electrodomésticos como la televisión o la lavadora y sin conexión a la red eléctrica ni agua corriente. Pero son los ricos del siglo XXI porque su gran lujo es disfrutar del tiempo, la naturaleza espectacular que les rodea y de su familia. “Nos dedicamos a vivir”, afirman.

Jorge Guamis nació en Valencia y ha dedicado 22 años de su vida a la joyería. También ha trabajado en vestuario y atrezzo para producciones de televisión y teatro. Su mundo mágico es la artesanía y crear con las manos, pero a veces ha construido decorados, en lugar de anillos: “Utilizo mis recursos y mi formación para adaptarlos a cualquier trabajo”.

Jorge Guamis

Jorge Guamis

Niki es americana, del oeste de Virginia y durante años su lugar de residencia fue Nueva York. Su padre es de origen griego y en su sangre mezcla raíces irlandesas y alemanas. El resultado es una belleza espectacular. Paradójicamente, sus bisabuelos dejaron la vieja Europa y emigraron a Estados Unidos. Curiosamente, ella ha vuelto al Mediterráneo, aunque donde conoció a su pareja fue en Marruecos. La geografía de su vida no tiene anclajes ni cadenas. Una pareja singular. Se definen como “nómadas”.

“Nos consideramos artesanos y trabajamos juntos. Mi mujer tiene mucha mano para resolver y ojo crítico para encaminar nuestro trabajo, teniendo en cuenta que estamos separados del mundo de la moda, que no nos interesa en absoluto. Lo que nos importa es acertar con cada persona. Creamos joyas, pero también transformamos piezas antiguas de plata y oro que la gente almacena en un cajón, porque ya no son adecuadas para su forma de vivir o trabajar. Las adaptamos a cada personalidad, tras un briefing con quien nos hace el encargo. Que la gente se sienta realmente identificada, es la clave. Trabajamos en equipo y creamos piezas singulares. Tenemos una sensibilidad que da luz a nuestro trabajo”, explica Jorge.

También reciben lo que llaman “tesoros del mar”: “Gente que se encuentra cosas y nos las entrega para que las transformemos. Nos centramos en cada persona: cómo va vestida, dónde vive, qué le gusta.. Nuestras piezas, cuanto más rústicas, más potentes. Buscamos la simplicidad”, según Jorge. En su colección destacan los anillos: “Hacemos una escultura que representa la suerte, con una interpretación de la lagartija”.

Les gusta reciclar madera y muebles antiguos. Y cada día crean una nueva joya juntos: “Son piezas exclusivas, alejadas de tendencias y que soportan el paso del tiempo como una obra clásica”, describe Jorge, feliz por trabajar con herramientas rescatadas del taller del bisabuelo de un amigo. “Las iban a fundir y me las dieron”. Niki usa una máquina de coser de pedal y cuenta divertida que tienen un método artesanal hasta para fabricar y conservar sus propios yogures. Para ellos el lujo no consiste en tener frigorífico, sino en poder vivir como han elegido.

No sufren atascos de tráfico, ni los efectos de la contaminación o el estrés de las oficinas, aunque viajan a ciudades como Barcelona o Nueva York: “No debemos dinero a nadie y nos gusta vivir aislados y tranquilos. Estamos acostumbrados a trabajar con un niño colgado del brazo. Aprenden con nosotros, en casa. Disfrutamos de lo que representa tener hijos”, dice Jorge, a quien cuesta localizar porque su teléfono móvil suele estar sin cobertura en el monte.

Venden sus obras en Las Dalias, también en tiendas y reciben encargos on line. Niki, de profesión informática, es quien se ocupa de gestionar los pedidos a través de correo electrónico. “Ser artesano representa riesgos. Tienes tiempo para ti, pero no tienes mucho dinero. Te tienes que apañar con lo que tienes”, confiesa él, mientras su compañera sonríe.

Su austeridad llega hasta el punto de no promocionar su propio nombre. Su marca se llama “Mono”, en referencia a la singularidad de cada pieza singularidad: “Hacemos obras de autor, pero también promocionamos a otros artistas con nuestro trabajo. Muchas veces la gente busca más un nombre o una marca que un trabajo. Hemos escogido el nombre Mono, porque hace alusión a que cada pieza es única e individual. Cuando hacemos una exposición, nunca promocionamos nuestros nombres”.

No les interesa el protagonismo ni exhibir abultadas cuentas corrientes. Jorge es muy serio, un filósofo de su oficio. Niki es una mujer culta, que dirige su vida y su negocio con una sonrisa. En su hogar reina la complicidad y su banda sonora son los sonidos del bosque. En ese entorno, Jorge nos responde.

¿Cuándo llegastéis a Ibiza y qué os trajo aquí?

Vinimos hace unos cuatro años con la idea de quedarnos. Nos gusta la diversidad y también la cultura tradicional de las islas. Ibiza reúne las condiciones para desarrollar un trabajo como el nuestro y además nos permite vivir en una casa rústica, en lo alto de una montaña, un medio que no es fácil y donde tenemos que dar respuesta a algunos problemas, como puede ser la recogida de agua, y lo hacemos con nuestras propias herramientas. Llevamos un tipo de vida ciertamente aislado, aunque no dejas de estar conectado con los pueblos de la isla. En Ibiza hoy te puedes hacer una idea de cómo era la vida a principios de siglo.

¿Cómo es vuestro trabajo?

Desarrollamos en cualquier momento del día nuestras ideas. Investigamos y también damos respuesta a los pedidos. Trabajamos en un sitio tranquilo, sin interrupciones.

¿Qué te inspira?

Lo que me inspira es estar abierto a poder disfrutar de cualquier situación. Yo hago piezas muy personales y el abanico es muy amplio para poder explorar y trabajar. En Ibiza te encuentras a gente dispuesta a cosas muy originales.

¿Qué tienen de particular vuestras piezas?

Trabajamos el individuo y cada pieza es completamente diferente. Incluso podemos tener al lado otro artesano o joyero y no representa para nosotros ningún tipo de competencia, es más, nos encanta. Lo que hacemos se adapta a cada persona y por eso es tan exclusivo el trabajo. Lo basamos también en el reciclaje y en distintas formas de transformar un objeto, siempre intentando que sea algo representativo para la persona, no algo seriado y, por tanto, comercial. Lógicamente tenemos un estilo en los acabados y una manera particular de combinar materiales.

¿Tiene sentido hacer productos que no son comerciales?

Nosotros no nos regimos por ningún canon o ninguna tendencia en concreto. Tal y como entendemos el trabajo, pensamos que tu llevas una pieza de tu abuelo o de alguien que ha vivido un momento importante de la historia contemporánea. La moda es algo que va y viene, es demasiado efímera, pasajera y cada año cambia. Nosotros vivimos cada pieza como un trabajo de toda la vida. También hacemos reparaciones y nos centramos en cada persona y su situación. A las piezas clásicas el tiempo les da la razón. Como puede ocurrir con el flamenco. Al final es aceptado como arte, con una categoría superior a un objeto de moda. Nosotros nos dedicamos en profundidad a la artesanía. No hacemos un producto comercial. Reivindico al artesano autodidacta. No tenemos ninguna ventaja ni siquiera reconocimiento legal. Tampoco nos consideramos artistas. El nuestro es un oficio tradicional. Es así como yo lo siento y lo entiendo. La artesanía no es sólo una joya que puedes exponer, también son herramientas. Nosotros queríamos trabajar de una manera más humana, sin tanta pompa.

¿Qué significa para vosotros Las Dalias?

Cuando conseguimos enseñarle nuestro trabajo a la organización, era un momento en que estaban estudiando la ampliación del mercado y también valoraron el tipo de trabajo que hacíamos. Después hemos comprobado que Las Dalias es un sitio muy interesante para conectar con gente y futuros clientes. Cuando tuvimos eso claro, decidimos movernos a Ibiza. Trabajar en Las Dalias fue la excusa perfecta para trasladarnos a Ibiza y adaptarnos a lo que significa vivir aquí. Es un lugar donde hay gente de muchos lugares. Coincidió también que era una edad buena para los niños.

¿Cómo imagináis el futuro?

El proyecto principal es vivir en Ibiza tantos años como podamos, siempre y cuando los niños tengan esta libertad. Cuando sean más mayores veremos si esto puede continuar o igual es el momento de movernos todos a un sitio más adecuado para ellos.

¿Por qué es tan importante el contacto con la naturaleza?

Los niños son pequeños y ellos necesitan espacio y que los adultos tengamos tiempo para dedicarnos a ellos. Nos gusta vivir en un sitio que esté limpio e intentar prevenir incendios y cualquier tipo de contaminación. Básicamente somos protectores de los niños y también del entorno, de los bosques.

¿Qué significa ser hippy hoy en día?

Yo no me considero hippy y no tengo muy claro qué es la época hippy. Representó un momento de revolución cultural que ahora mismo no veo. En España tampoco creo que se esté defendiendo la libertad. Pienso que es una etiqueta que le pusieron a la juventud de una época, un concepto que se ha convertido en un clásico. El arte flamenco es una cultura en sí. Y eso es lo que no veo que represente la palabra hippy.

¿Por qué te gusta tanto Ibiza?

La isla es un lugar relativamente pequeño y las zonas no turísticas necesitas horas para visitarlas. Ibiza es un punto de referencia para mucha gente. En una ciudad no encuentras la magia que ves aquí: el sol, el cielo, el mar te cautivan.

¿Cómo es vuestra vida en invierno?

En verano hacemos mucho mercado y sacamos trabajo. El invierno es más recogido: estamos en casa y hacemos fuego. Todo el mundo está más disponible y hay más celebraciones. Conectamos con más gente y nos dedicamos a organizar la agenda. Al vivir en mitad del campo, estás muy retirado. Es una vida tranquila. Tienes que tener vida interior. Nos gusta ver el cielo y las estrellas. En Ibiza el cielo es mágico.

Texto: Silvia Castillo - Foto: Massimo Aspide